Entre psicoanálisis y militancia, una pareja intenta salvarse de Uribe. La transferencia lo enciende todo: lo íntimo se vuelve político, y lo político, historia.
La caja china de engaños estalla y el triángulo se desarma. Todos deben reacomodarse: Uribe sale de la cárcel; José Luis queda en la mira, y Karla conduce un camión cargado de nitroglicerina. En esta guerra de largo alcance, el amor se vuelve más peligroso que cualquier traición.
Como Milva no lo deja ni dormir, Jano recurre a una bruja para matar a su fantasma. Pero el deseo, la culpa y el amor todavía insisten, y ella vuelve, porque en realidad nunca se fue.
Un accidente náutico vuelve a torcer el rumbo de Bosque Blanco. Entre hipótesis, casquillos y grabaciones de aves, el comisario comienza a entrever el patrón oculto en la serie de muertes.
Micrófonos ocultos, frases cifradas y verdades a medias. Una terapia que ya era un laberinto y que ahora, en esta sesión clave, no solo se enreda más, sino que se vuelve todavía más fascinante.
Jano quiere concentrarse en su nueva vida. Pero Milva —su ex, su sombra— todavía no lo suelta. ¿Se puede dejar atrás a alguien que insiste en quedarse?
Restos de fuego suman un nuevo misterio y enturbian la paz que Bosque Blanco insiste en mostrar. Las pistas no encajan en ningún lado y la trama, lejos de aclararse, se vuelve más opaca. Pero hay algo que no cede: el pueblo parece dispuesto a contar su verdadera historia.
En esta segunda entrega, José Luis y Uribe quedan enredados entre historias de la infancia y heridas que no cerraron. La serpiente de la terapia ya dejó su huevo en ese vínculo.