La caja china de engaños estalla y el triángulo se desarma. Todos deben reacomodarse: Uribe sale de la cárcel; José Luis queda en la mira, y Karla conduce un camión cargado de nitroglicerina. En esta guerra de largo alcance, el amor se vuelve más peligroso que cualquier traición.
Como Milva no lo deja ni dormir, Jano recurre a una bruja para matar a su fantasma. Pero el deseo, la culpa y el amor todavía insisten, y ella vuelve, porque en realidad nunca se fue.
Un accidente náutico vuelve a torcer el rumbo de Bosque Blanco. Entre hipótesis, casquillos y grabaciones de aves, el comisario comienza a entrever el patrón oculto en la serie de muertes.
Micrófonos ocultos, frases cifradas y verdades a medias. Una terapia que ya era un laberinto y que ahora, en esta sesión clave, no solo se enreda más, sino que se vuelve todavía más fascinante.
Jano quiere concentrarse en su nueva vida. Pero Milva —su ex, su sombra— todavía no lo suelta. ¿Se puede dejar atrás a alguien que insiste en quedarse?
Restos de fuego suman un nuevo misterio y enturbian la paz que Bosque Blanco insiste en mostrar. Las pistas no encajan en ningún lado y la trama, lejos de aclararse, se vuelve más opaca. Pero hay algo que no cede: el pueblo parece dispuesto a contar su verdadera historia.
En esta segunda entrega, José Luis y Uribe quedan enredados entre historias de la infancia y heridas que no cerraron. La serpiente de la terapia ya dejó su huevo en ese vínculo.
En el capítulo anterior, Jano Mark selló un pacto con el fantasma de su ex: un encuentro durante cinco noches para entender si tiene que dejarla ir o pedirle que vuelva. En esta segunda entrega, el escritor y la médica —como se llaman a sí mismos en este capítulo— atraviesan otra madrugada juntos.
Una mujer cae desde lo alto del mirador de un pueblo patagónico, y su muerte se suma a una cadena de otras muertes misteriosas que ocurrieron en el lugar. Otro capítulo imperdible de este policial escrito por Pablo de Santis.
Una terapia puede ser muy extraña, sobre todo si uno de los protagonistas altera sus métodos. Juan Villoro cuenta una historia en cinco actos en la que analistas y analizados hacen lo que creen que pueden con lo que imaginan que les toca.