Sobre ruido de fritura, viento y lluvia, se oye una mala comunicación de radio.
CARLOS
Base, base: aquí, Comisión Uno, ¿me escucha? Cambio.
BASE
Aquí, Base. Comisión Uno, muy mal y entrecortado. ¿Qué novedades? Cambio.
CARLOS
Encontramos a uno de los Espinosa—
BASE
¿A Baltasar?
CARLOS
No, al otro. Estaba al borde de una grieta, sobre el final de la ladera oeste, cerca de la falsa cumbre…
BASE
¿Está muerto?
Silencio. Ruido de estática.
CARLOS
Estaba en muy mal estado, desorientado e hipotérmico, pero lo recuperamos. Vamos a darle una dosis de morfina para llevarlo hasta Jakob y les pedimos el helicóptero ahí. Cambio.
BASE
El helicóptero no está operativo, Comisión. Sigan la búsqueda, necesitamos encontrar a Baltasar.
CARLOS
Imposible. Las condiciones climáticas son muy malas acá arriba. Mañana, con la primera luz, veremos.
BASE
Carlos, el primo tiene que saber qué pasó con Baltasar. ¡Que te diga dónde está!
La comunicación se entrecorta hasta que se interrumpe. Sonidos de pasos sobre la nieve, con viento que arrecia detrás. Se escucha la respiración agitada de Carlos, que avanza. Sonido de telas que flamean violentamente y una cremallera que corre. El viento deja de oírse y queda en un segundo plano.
CARLOS
La puta madre…
MARCIAL
¿Qué te dijeron?
CARLOS
Lo único que les importa es que aparezca el «profesor» Baltasar Espinosa antes de que el mundo de los intelectuales colapse… Este les chupa un huevo. ¿Se despertó?
MARCIAL
Recién se volvió a dormir. Tiene un agotamiento feroz.
CARLOS
No hay helicóptero. Lo vamos a tener que bajar nosotros.
MARCIAL
No creo que pase la noche.
CARLOS
Ahora le doy una dosis de morfina y vas a ver cómo levanta. ¿Dijo algo?
Silencio. El viento de fondo aumenta.
MARCIAL
Incoherencias. Puta madre, no va a aflojar el clima.
CARLOS
¿Incoherencias como qué? ¿Qué dijo?
MARCIAL
Balbuceó como todos los perdidos. Dijo cosas raras.
CARLOS
¿Cosas raras de qué?
Sonido de zamarreos.
CARLOS
¡Ey, flaco, ey! ¡Abrí los ojos! ¿Me escuchás? ¿Dónde está Baltasar? ¿Me escuchás? ¡Flaco!
MARCIAL
Pará de zamarrearlo. Dale un rato. Dejálo que se recupere un poco.
CARLOS
¿Qué dijo de Baltasar?
MARCIAL
No sé, habló de unos gutris.
CARLOS
¿Unos qué?
MARCIAL
Gutris, mutris, algo así.
CARLOS
¿Gutres?
MARCIAL
Gutres, sí, eso.
CARLOS
¿«Gutres», dijo? ¿Estás seguro?
MARCIAL
No paraba de repetir «gutre, gutre, gutre».
Silencio.
CARLOS
Los Gutres eran una familia de pioneros que hubo en la base del Tronador. Creo que fueron los primeros en llegar ahí. Eran unos aristócratas ingleses que vinieron desde Inverness, mucho antes de que el perito Moreno redefiniera los límites con Chile, incluso antes de que llegaran los jesuitas… «Guthrie» era el apellido original. Fueron los primeros que treparon estas cumbres, hace más de doscientos años… Los Guthrie que llegaron de Inverness eran cultísimos. Hablaban inglés, castellano, francés y alemán con la misma facilidad. Pero, a medida que fueron pasando las generaciones, cambiaron el hábito del estudio por el trabajo físico… Se volvieron rústicos y abandonaron definitivamente la cultura. Los últimos Gutres eran totalmente analfabetos. Sabían muchísimo de la naturaleza, pero no sabían explicar las cosas, como si el lenguaje los hubiera abandonado.
MARCIAL
¿Qué pasó con ellos?
CARLOS
La última persona que reportó haber visto a un Gutres fue el perito Moreno, a fines del siglo dieciocho. Ya en ese entonces, eran una pequeña tribu de unos veinte. Se fueron metiendo cada vez más adentro, hasta que se los tragó la montaña. Cuenta la leyenda que siguen ahí adentro, que silban como los pájaros para atraer a los alpinistas que aparecen por ahí. Si los encuentran, se los comen.
MARCIAL
Caníbales patagónicos.
CARLOS
Así dicen.
Marcial y Carlos se ríen levemente. Manipulación de objetos dentro de la carpa.
CARLOS
Un pinchazo… y somos todos felices…
Se oye un pequeño quejido de Espinosa.
CARLOS
¿Arde un poco?
ESPINOSA
Uuuf… Qué bien se siente… ¿Qué me diste?
CARLOS
Morfina. Te va a durar un rato el envión, para que puedas encarar la bajada, ¿OK?
ESPINOSA
Están afuera…
CARLOS
¿Cómo te sentís?
ESPINOSA
Hay que irse…
CARLOS
En un rato, cuando te recuperes bien, nos vamos.
ESPINOSA
Vámonos ahora…
MARCIAL
Si salimos ahora, te quedás en el camino. Recuperáte un toque y vamos.
CARLOS
¿Dónde está tu primo? Baltasar. ¿Qué pasó con Baltasar?
Espinosa va recuperándose, pero todavía está débil.
ESPINOSA
Los Gutres… Vienen para acá.
MARCIAL
(Incrédulo). Sí, nos van a comer a todos, ¿no? Este chabón está helado.
Ruidos de manipulación de objetos dentro de la carpa.
CARLOS
Está helado mal. Temperatura de fiambre tiene. Metéle un par de parches de calor, están en mi mochila.
MARCIAL
Tenemos que bajarlo.
Sonido de viento que se incrementa.
CARLOS
Sí, pará, que ahora arrancó el temporal de vuelta. Hay que esperar que afloje.
MARCIAL
El parte dice que recién mañana mejora.
ESPINOSA
Vienen por nosotros…
CARLOS
Tranquilo, amigo, tranquilo, que todavía tenemos que encontrar a tu primo. Tomá un poco de agua…
Sonido de garganta que traga.
CARLOS
¿Mejor así?
ESPINOSA
¿Seguimos en la montaña?
MARCIAL
Te encontramos a un kilómetro de la cumbre.
ESPINOSA
Apenas alcancé a escapar… Nosotros los vimos… Mi primo y yo estuvimos con ellos.
CARLOS
¿Vos y tu primo estuvieron con los Gutres?
ESPINOSA
Nos habíamos perdido en el valle al final del pedrero que baja por la ladera sur del Ventisquero. En el valle, perdimos la picada… Empezamos a subir de nuevo, pero le erramos feo, y cuando nos quisimos dar cuenta nos agarró la nevada y nos obligó a retrepar la pared… Nos metimos en una grieta y avanzamos por una cueva que nos sacó del otro lado.
MARCIAL
(Por lo bajo a Carlos). Uf, este chabón está listo…
CARLOS
Dejálo, dejálo que hable… Capaz tira un dato… (A Espinosa). ¿Y entonces?
ESPINOSA
Había un refugio en la salida de la cueva, como a trescientos metros. Ahí estaban…
MARCIAL
(A Carlos). ¿Qué refugio hay ahí? ¿Vos te ubicás dónde dice?
CARLOS
No conozco ninguna grieta que se convierta en cueva. El único refugio que hay por ahí es el Amancay.
ESPINOSA
Eran tres. Una familia de tres. El padre, el hijo, que era bien tosco, y una chica que debía de andar por los veinte. Todos altos, fuertes y huesudos, con el pelo rojizo… Les dijimos que estábamos perdidos y nos prometieron que, cuando aflojara el temporal, nos iban a mostrar el camino de vuelta.
CARLOS
¿Cómo era el refugio?
ESPINOSA
Eran dos construcciones de madera y piedra, con vigas grandes en el techo, separadas por ciento cincuenta metros una de la otra…
CARLOS
El Amancay no es, entonces… ¿Tenés la ubicación grabada en el GPS?
ESPINOSA
Dejó de funcionar. A la mañana siguiente, como el temporal seguía, nos tuvimos que quedar con los Gutres…
MARCIAL
¿Por qué les decís «Gutres»?
ESPINOSA
Así se decían entre ellos. Apenas balbuceaban dos o tres palabras básicas, y después todo era «gutre, gutre, gutre»…
CARLOS
¿Cuánto tiempo estuvieron metidos ahí?
ESPINOSA
No sé cuánto tiempo pasó. A nosotros nos alojaron en el refugio que estaba más cerca de la ladera. Ellos vivían en el otro. Nevó sin parar durante varios días. En el altillo, mi primo encontró una Biblia en inglés. Estaba impecablemente conservada y tenía la portada labrada en oro. Esa noche, alrededor de un fuego, mi primo les leyó en voz alta el Evangelio según san Marcos. Los Gutres lo escucharon atentos, aunque no sé si habrán entendido algo… Se mostraban muy educados y todo, pero yo veía que, por lo bajo, murmuraban entre ellos. Tenían un olor fuerte los tres. Un olor distinguible, ácido y penetrante. No se les entendía, hablaban una especie de dialecto parecido al de los gitanos… Cocinaban como los dioses, pero todos los días comían lo mismo. Una carne en estofado que preparaba el padre. Mi primo intentó sacarles de qué animal era, pero no le dijeron nada. Supusimos que, por su sabor dulzón, era algún tipo de huemul… Al día siguiente, amaneció mejor el clima, pero una avalancha casi tapó el refugio en el que estábamos con mi primo. De milagro no nos tragó. Los Gutres nos sacaron de ahí y nos llevaron al suyo. El padre Gutres dijo que se había roto el techo del nuestro. Esa noche, el ritual de lectura se repitió. Al otro día, el chico volvió con una herida grande en el brazo, como un arañazo de oso. No pudimos entender qué le había pasado. Mi primo le cosió la herida del brazo al muchacho. El padre y la hermana miraban como hipnotizados y se mostraron muy agradecidos. Esa noche, después del estofado, mi primo les quiso leer otro pasaje de la Biblia, pero ellos se hicieron entender para que repitiera el Evangelio según san Marcos.
CARLOS
¿Todos los días les leía lo mismo?
ESPINOSA
Eran como los niños. Disfrutaban más de la repetición que de la novedad… Aunque, cada vez que mi primo les leía, era como la primera vez. Sobre todo para la muchacha, que escuchaba siempre con los ojos intrigados. Mi primo después me confesó que, una siesta, mientras se oían los martillazos del padre y del hijo reparando a lo lejos el techo del refugio, la chica se le metió desnuda en la cama. En la oscuridad de los postigos entablonados no la pudo ver, pero sintió que ella temblaba. Era la primera vez que estaba con un hombre. El día siguiente empezó igual que el resto, pero el padre lo agarró a mi primo y le preguntó si Cristo se había dejado matar para salvar a todos los hombres. Mi primo, que es un librepensador, les dijo que sí, que lo había hecho para salvar a todos del infierno.
CARLOS
¿Y qué le dijo?
ESPINOSA
Quiso saber qué era el infierno. Y mi primo le dijo que era un lugar bajo tierra donde las almas ardían eternamente. Y el tipo quiso saber entonces si las almas de los que clavaron los clavos también se salvarían… Y mi primo le dijo que sí…
MARCIAL
¿Sabía el padre que tu primo se había acostado con la hija?
ESPINOSA
No lo sé… Pero ese día, a la tarde, después de que los martillazos sonaran todo el día, mi primo fue a ver la reparación del refugio de la avalancha… Miró el trabajo hecho y dijo: «Ya falta poco». Y el padre repitió como un eco: «Ya falta poco». Lo habían seguido a mi primo los tres. Estaban arrodillados detrás de él y le pidieron la bendición. Después lo maldijeron, lo escupieron y lo empujaron hasta el fondo. La muchacha lloraba. Cuando llegué hasta la puerta del fondo, no había techo. Los Gutres habían arrancado las vigas para construir la cruz. Mi primo colgaba con una herida en el costado.
MARCIAL
Carajo…
ESPINOSA
Yo apenas logré escapar cuando lo estaban bajando…
CARLOS
¡¿Dónde están?! ¡Decime dónde están! ¡Hablá!
ESPINOSA
Ya es demasiado tarde…
MARCIAL
¿Qué es ese olor putrefacto…?
Se oye el rasguido violento de la tela de la carpa. Un fuerte forcejeo. Gritos breves pidiendo ayuda. Todo ocurre rápidamente, y cuando acaba, queda solo el silencio del viento que sopla.