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Ya nadie necesita una revista de papel

Un editorial de
Con olor a nostalgia y cierre de una etapa, el señor Casciari se despide de segunda temporada de la revista Orsai.

Empezamos esta aventura con treinta y nueve años, cuando creíamos que la gente de cincuenta y cinco era gente vieja. La revista Orsai y nuestras vidas se construyeron de la misma forma: a los empujones, sin lógica, con más intuición que estrategia, con todas las equivocaciones del mundo, sin rumbo, con arbitrariedades y altibajos. Y, sobre todo, por temporadas. Digo esto porque hoy se acaba la segunda temporada de la revista Orsai. Y también una nueva temporada de nuestras vidas. Yo no sé cuántos de los lectores que tienen este ejemplar en la mano compraron también el primer ejemplar, el del veintiocho de diciembre de 2010. Puede ser que unos cuantos, pero hoy prefiero hablarles a los nuevos. Les cuento que, hace exactamente quince años, el primer editorial de esta revista iniciaba con palabras de funeral: «Ya nadie necesita una revista de papel. Hay internet y hay YouTube; además, los libros no se venden y las revistas literarias no son rentables. Pero acá tenés una y está en tus manos. Mirála bien: es un objeto de papel encuadernado, tiene un lomo y pesa poco más de medio kilo. Te costó quince periódicos del sábado. Ahora el objeto es tuyo. Lo compraste sin tener idea de qué habría dentro. Lo compraste sin necesidad, porque sabías que hay un PDF gratis dando vueltas por la red. En el fondo, y con la mano en el corazón, no tiene sentido que hayas comprado esta revista». Es sorprendente releer ese párrafo ahora, justo hoy, en este instante en que cerramos una etapa de nuestras vidas. Es inevitable pensar que esas palabras iniciales podrían haber sido un lamento final en lugar de una bravuconería para tomar impulso. Escuchen si estas frases sueltas, leídas quince años después, no parecen una resignación: «Ya nadie necesita una revista de papel». «Las revistas literarias no son rentables». «En el fondo, no tiene sentido». Pero no, no eran una desesperanza, sino un grito de batalla en el inicio de la era de la distracción. Nos vimos venir lo fragmentario y, por suerte, fuimos obstinados. Y acá estamos, quince años después, llenos de historias. Ahora nuestro deber es dejar que pase el tiempo. La revista Orsai le dejará paso a la nostalgia de la revista Orsai, que será dulce y, en algún momento, nos llamará la atención. Diremos: ¿Cómo fuimos capaces de hacer todo eso? Y será verdad. Por eso, nos retiramos de estos editoriales con las palabras finales del primero. Fíjense si no está lleno de actualidad. Decíamos: «Ojalá que, cuando pase el tiempo y huelas estas páginas —que estarán ajadas y viejas—, el olor te recuerde que había una cierta honestidad en el aire y que se podía soñar con una revista. Que te recuerde una época, muy intensa y rara, en la que lectores y autores se comunicaban con alegría. Sin nadie en el medio».

Hernán Casciari

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